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Samuel Alizon, biólogo de la evolución: Un virus que muta y nunca desaparecerá

Con el paso del tiempo, más complejas se vuelven las preguntas y los problemas planteados por la pandemia de SARS-CoV-2 y sus variantes. Y en ese escenario, la biología de la evolución podría ser una herramienta útil en el combate al covid.

Samuel Alizon dice: “En la situación sanitaria que enfrentamos desde hace dos años nadie puede predecir el futuro. Es importante ser consciente de ello. Uno de los grandes problemas que planteó la gestión de esa crisis en numerosos países fue que mucha gente pretendió tener respuestas ‘llave en mano’. Al principio de la pandemia se nos aseguró, por ejemplo, que no habría segunda ola. La emergencia de variantes estaba ausente de los debates porque no se quería tomar en cuenta que, al igual que todos los seres vivos, los virus evolucionan.

–La cuestión sigue debatiéndose. En realidad es casi un problema filosófico. Por eso me escabullo diciendo “al igual” que los seres vivos, los virus evolucionan.

Biólogo de la evolución, director de investigación del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), Alizon encabeza un equipo de trabajo del Centro Interdisciplinario de Investigación en Biología que estudia el SARS-CoV-2 desde marzo de 2020. Es también autor de Reconciliar Pasteur y Darwin para controlar las enfermedades infecciosas, un libro publicado en 2018 que cobra tanta actualidad con la pandemia, que acaba de ser reeditado.

“La evolución se basa en algo aleatorio, en el azar, y es precisamente el azar lo que la vuelve difícilmente predecible”, puntualiza el especialista. “Sin embargo, partiendo de nuestro conocimiento de los otros virus y de sus procesos evolutivos, es posible tener intuiciones sobre la dirección evolutiva que puede tomar una población viral a corto y largo plazos.”

–¿Cómo se traduce eso?

–Nuestro equipo, por ejemplo, alertó sobre la emergencia potencial de variantes del virus histórico de Wuhan en Francia cuando en nuestro país no se enfocaba esa hipótesis. Más tarde demostramos que la variante alfa tenía una ventaja de transmisión en relación con los linajes ancestrales y en Gran Bretaña nuestros colegas biólogos de la evolución evidenciaron que su virulencia había aumentado 50%. De igual forma, en junio de 2021 demostramos que la variante delta era más contagiosa que la alfa.